-Estoy muerto de miedo, joder, desde que has entrado al bar no he podido apartar mi mirada de tu cadera, de devorar la tela que te envuelve. Estoy en el abismo, en el abismo del vuelo de tu puñetero vestido, se me han despellejado las pupilas de tanto parpadear y este endemoniado corazón bombea mi sangre a punto de ebullición. ¡Por dios! Quiero aprenderme de memoria la carretera de tus huesos, quiero envenenarme de tu saliva esta noche, joder, hoy solo quiero follar contigo.
-bueno, ¿y a qué estás esperando? - Le dijo Estefanía con su sonrisa, esa sonrisa magnética que a veces le sale.
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jueves, 18 de febrero de 2010
domingo, 31 de enero de 2010
esto era todo, más huesos que carne.
Estefanía salió de la ducha y quitó el vaho del espejo con su mano aun llena de gotitas, y se observó, allí estaba esa chica del pelo corto mirándola, diciéndole “mira qué me has hecho” ¿Qué le había hecho realmente? Sus caderas se notaban como cuchillas, es cierto, sus pequeños pechos aparecían tímidos en el espejo, y prefirió no mirar abajo. Tenía veinte años, y esto era todo, más huesos que carne. Tenía la cabeza llena de los besos de Amsterdan y de orgasmos que dolían, y de lágrimas que no acababan de secar.
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domingo, 10 de enero de 2010
Estefanía.
Tenía teñidas las pupilas de coñac y ron, y llevaba virutas de tabaco en los labios. Su corazoncito latía, pero a menudo se atascaba en las noches en las que la luna sólo la miraba a ella, se le paraba la sangre, y se amontonaba en la entrada de su ventrículo. Entonces ella, se volvía magnética, y sus electrones rebotaban dentro, brincaban y pirueteaban de un lado a otro. Hacían que, su encanto fuera capaz de imantar a cualquier hombre que estuviera dispuesto a compartir una buena botella de alcohol (y una cama) con ella. Y cuando la botella casi se había terminado, y los orgasmos se escurrían entre las sábanas, les pedía a sus amantes que se acercasen y la abrazasen, por que sus retinas se le iluminaban, se volvían de un celeste muy muy fuerte y si la luna las veía, se ponía muy celosa, y le hacía desaparecer de la cama y volver a ella.
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