Mostrando entradas con la etiqueta Álvaro y Victoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Álvaro y Victoria. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de agosto de 2010

- No quiero tus tontas palomitas que no saben volar.

- ¡¿Por qué nunca me cuentas tus sorpresas?! – dijo Victoria enfadada mientras se cruzaba de brazos y agachaba su cabeza para que Álvaro no pudiese ver que se le estaba escapando una pequeña sonrisa.
- Porque entonces dejarían de serlo ¿no crees? Anda anda, no te cabrees y acércate, que te doy zumo de naranja.
Álvaro espero a que el cuerpo de Victoria se escurriese entre las arrugas de las sábanas hasta llegar a él, pero ella permaneció refunfuñando en un extremo.
- ¡No quiero! Ni zumo, ni abrazos de oso, ni ver la tele, ni mimitos, quiero mi sorpresa, me lo habías prometido.
- ¿Y palomitas, tampoco vas a querer palomitas con lo ricas que están? – Dijo Álvaro sonriendo, con un puñado en la mano, tirándoselas una tras otra a Victoria.
Las traviesas palomitas se escurrían por la camiseta de Victoria, o bien se quedaban enredadas en el pelo, y si no era así, chocaban contra sus brazos y caían sobre la cama, como esperando a ser rescatadas por alguien.
- No quiero tus tontas palomitas que no saben volar. Aunque quizás, a ti que te gustan tanto te apetezcan un montón. – Victoria se puso de rodillas sobre la cama, cogió el bol con sus dos manos y se lo tiró todo por encima. – Mi pequeño dulce de maíz que no cuenta sorpresas.
Álvaro se la quedó mirando, con la cara muy seria, con una pequeña montaña de palomitas sobre su cabeza, parecía hervir de furia por dentro. Victoria asustada se alejó de él pensando que quizás podría vengarse, tenía la cara casi descompuesta. Álvaro rió.
- Ay tonta, ¡qué rápido se te asusta! ¿Qué pensaste, que iba a devorarte entre tanta palomita? Mi venganza será terriblemente peor y no te quedará almohada tras la que esconderte, ¡te pienso hacer cosquillas hasta que me duelan las manos!

domingo, 8 de agosto de 2010

...yo a ti siempre te como de un solo bocado y nunca sobra nada.




El agua había empezado a chocar contra tu cuerpo cuando entré en el baño. Aun llevabas la camisa puesta y tus braguitas color violeta. Entré sin hacer ruido como un gato hambriento y te divisé tras la cortina muerta de frío, con los labios aun llenos de pastel.

-Loquita, ya te avisé de que el pastel era demasiado grande para comértelo de un solo bocado.–te susurré mientras me desnudaba y me adentraba contigo en la ducha. El champú se escurría por el desagüe, al escucharme giraste tu cuerpo empapado y apartaste los mechones de pelo que se te amontonaban como enamorados en tu cara.
-Pero es que no lo entiendo Álvaro, yo a ti siempre te como de un solo bocado y nunca sobra nada. Me he puesto perdida de frambuesa y nata, necesito un gatito mimoso que me limpie.

Me miraste con esos enormes ojos y yo me disponía a devorarte, pero antes de poder darme cuenta estábamos contra los azulejos, con la manguera de la ducha enrollándonos cada vez más, asfixiándonos en la niebla. Y tú con mi camisa aun puesta.

jueves, 21 de enero de 2010

-¿Me harás tostadas?







-Tienes surcos en la cara de tanto llorar, vic.

-Vete a hacerme tostadas Álvaro
-Calla, sal de la cama, vamos a la cocina.
-¡Que no Álvaro! es domingo.
-Es jueves Victoria.
-...
-Venga por favor, quiéreme tanto que te olvides del sábado.
-¿Y me harás tostadas?
-Todas las que quieras, pero sal de la cama, que la sábanas empiezan a hacerte daño.
-Está bien, pero Álvaro llévame en brazos, que mi cuerpo es de mantequilla, y mi corazón de mermelada de mandarina, y creo que mis articulaciones aun no me han perdonado.

lunes, 4 de enero de 2010

Trocitos de nieve en el pecho

-La nieve estaba muy fría, no debería haber jugado con ella. -Dijo Victoria, tiritando.
Álvaro la abrazó, cogió una bocanada de aire muy grande muy grande, la apartó a ella de su pecho, le agarró las manos y dejó escapar su aliento, esperando que a Vic se le quitase el frío del cuerpo.
Pero ella no sintió nada, las lágrimas comenzaron a caer por su rostro, tenía tanto, tanto frío, que hasta su pelo parecía tener escarcha, y sus ojos miraban sin ganas, como cuando un enorme bloque de hielo pasa por el océano.
-Vamos cielo, no llores por favor, nunca dejaría que te congelases, eres mi desayuno favorito, venga cariño, deja de tiritar ya. ¿Recuerdas aquella tarde con las mantas comiendo el pastel que hice? Sabía horrible, pero tú, tú y tus caricias hicisteis que supiera dulce y delicioso, aquel calor era todo un incendio que provocamos sin darnos cuenta, un incendio de pasión, vamos, intenta sentirla ahora, te lo suplico.
-Pero, es que, es que no lo entiendes Álvaro.
Él la abrazó con más fuerza aun, después se separó de ella, y le secó las lágrimas, buscando una sonrisa.
-Mi amor, es que creo que el frío me ha calado hasta el corazón, y con éste congelado, no sé qué demonios voy a hacer ahora, porque por más que te busco entre todos mis órganos, no... no te encuentro, y tengo miedo y frío, mucho frío.